Milenka llegó a Ahora Caigo junto a su abuelita Carmen y dejó claro que las cámaras no eran lo suyo. Pocas palabras, cero pedidos y ninguna dedicatoria. —¿Regalo? No. —¿Saludar a alguien? No. —¿Empezamos el juego? ¡SÍ!
Milenka llegó a Ahora Caigo junto a su abuelita Carmen y dejó claro que las cámaras no eran lo suyo. Pocas palabras, cero pedidos y ninguna dedicatoria. —¿Regalo? No. —¿Saludar a alguien? No. —¿Empezamos el juego? ¡SÍ!