Leo Castillo fue testigo del desorden que provocaron unos caballos sueltos en Recoleta y de la gran confusión que dejaron por el barrio, pero que significaron un peligro para los transeúntes y para la misma integridad de los equinos.
Leo Castillo fue testigo del desorden que provocaron unos caballos sueltos en Recoleta y de la gran confusión que dejaron por el barrio, pero que significaron un peligro para los transeúntes y para la misma integridad de los equinos.